
La cerveza o el fernet con compañeros de trabajo después del horario laboral en algún bar de onda parece estar “out”. Lo que se usa ahora, al menos entre algunos un poco más sueltos, es una nueva modalidad de encuentros para el “after office”: el sexo grupal.
Se trata de una práctica que secretamente se empezó a realizar en la Capital con la regla de oro del “catch”: vale todo.
Puede ser en alguna disco, un bar o, como cuando empezó, en algún departamento privado.
La cuestión es que, invitación previa en mano, se puede acceder a un encuentro de sexo masivo en el que cualquier tipo de cruce está permitido. Incluso, solo mirar.
La única regla es entregar toda la ropa y los objetos personales en el momento de entrar, salvo la ropa interior y el calzado. Sí, las zapatillas, ojotas o alpargatas están permitidas, por una cuestión de favorecer la movilidad
Como alguna vez contó Alejandro Dolina, no hay nada más contradictorio para una orgía que fijar una hora de finalización. Bueno, eso no pasa en estos casos. Solo se fija el lugar y la hora tras registrarse en la página de Internet de un grupo llamado “Los fiesteros”.
Si bien no se mataron pensando un nombre, la efectividad parece ser directa. Porque lo que empezó con dos amigos por Internet que quisieron sumar a otras personas con experiencia fiestera, y fue creciendo hasta incorporar a todo el mundo.
Y hoy, se pueden juntar más de cien personas alrededor de este “Viva la pepa” grupal en el que, en un mismo ambiente, conviven lesbianas bailoteando desnudas, sexo oral cruzado, un zafarrancho de miembros y orificios o solo mirones copa en mano. Todo como en botica. Sexual, obvio. Sigue leyendo el artículo »…